El Tri tendrá que jugársela frente al campeón del Mundo, Alemania, si es que quiere transformar su historia
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México 1 DIC 2017 - 18:07 CET
El seleccionado mexicano en noviembre pasado. H. THYS AFP
La mano de Diego Maradona se hizo famosa en México. El '10' marcó uno de los goles más debatidos en la cancha del estadio Azteca frente a Inglaterra. Esa misma mano sentenció el destino de los mexicanos en Rusia 2018: Alemania. La potencia germana representará el mayor reto para un tri que quiere darle un revolcón a su historia.
En México solo aguardaban tener un grupo sencillo, que no generara jaquecas ni ideas de que pudiera quedar fuera de la fase de grupos. Sus otros rivales serán Suecia, equipo que eliminó a la deplorable Holanda y a la inestable Italia del repechaje; y Corea del Sur. En el país lo tomaron con cierta amargura por medirse frente a los alemanes, a quienes no han vencido en partido oficial.
La última vez que el tri no pasó de la fase de grupos fue en 1978. Esa vez sucumbió ante Polonia, Túnez y la Alemania Federal. Por esto están acostumbrados a estar en los octavos de final. La mayor motivación para los dirigidos por Juan Carlos Osorio es tener la certeza de que hay una posibilidad, aunque sea mínima, de tumbar a uno de los favoritos.
Quizá lo que más preocupa a los mexicanos es el partido de octavos de final. Es esa ronda su mayor límite desde 1986. Ahí se podría encontrar con el Brasil de Tite, Serbia, Costa Rica o Suiza. El tri necesitaría dar su mejor participación en un Mundial si quiere evitar a Neymar y compañía para aspirar a los cuartos de final.
Pero sucede algo extraño con México en las copas del mundo. Es allí donde los jugadores hinchan el pecho y dan participaciones de calidad contra los rivales más duros. Hace cuatro años lograron sacudir a Holanda por más de 80 minutos. Las trágicas experiencias que han tenido les han servido para jugar con el dolor asegurado y pensar en algo distinto
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